Desde hace cuatro años la jornada diaria de Antonio López es la misma, se levanta a las cuatro de la mañana para salir a trabajar a las cuatro y media en su biblicleta la que su convierte en su medio de trasporte diario que lo lleva hasta su esquina de trabajo a donde llega alrededor de las 5:00 a.m., y de esta manera comenzar a ganarse un sueldo diario, que depende de la moneda que le quiera dar el conductor de turno, su salario puede comenzar con 200 o 500 pesos que es la cifra normal y común que recibe.
Calibrador esa es su profesión, algo que se ha vuelto muy común en las calles bogotanas, y donde cada vez es mas difícil hallar un trabajo digno, con un sueldo que ayude a subsistir; son las 5:15 a.m. y Antonio se dispone a comenzar su trabajo ubicado en la calle 146 con 115, una calle en pésimo estado donde la tierra y el barro son sus principales componentes y hacen de las suyas cuando un colectivo o bus se disponen a transitar por este lugar, por allí obligatoriamente pasan todas las rutas de suba compartir y de corpas con destino a Unicentro, Fontibón, Ciudadela el Recreo, Tunal, Cedritos, Diana Turbay, Guacamayas, Managua, Patio Bonito, Calle 170 y Aeropuerto.
A medida que paso el tiempo va amaneciendo y de esta manera se ve a lo lejos su primer cliente es la ruta Aeropuerto, a quien le da el tiempo de su compañero y el de su competencia, 200 pesos con eso comienza el día, pero en este lugar, el no es el único Calibrador, esta su compañero un joven de 22 años que se gana la vida de la misma manera, pero para que no exista esa guerra del centavo, sencillamente, Antonio cubre las rutas de los colectivos que transitan por el lugar, mientras que su compañero lo hace con buses y busetas.
Su día a comenzado no de la mejor manera, pero el aspira a conseguir unos 20.000 pesos y si le va bien unos 30.000, que seria lo ideal pero muy pocas veces lo logra y cuando el día se pone un poco pesado con dificultad se acerca a los 15.000 pesos, mientras que espera a la próxima ruta, Antonio, aprovecha para tomarse un tinto que le de calor y lo despierte pues hasta hora comienza su larga jornada.
Entre las 7 y las 9 de la mañana es la hora pico de Antonio al igual que la del transporte, son dos horas donde tiene que estar pendiente de cada ruta y del tiempo exacto de estas, estar anotando en su planilla improvisada de hojas recicladas, en este tiempo a conseguido aproximadamente unos 5.000 pesos entre monedas de 100, 200 y 500 pesos.
Luego de que ha pasado la hora pico y el trajín de la mañana, su trabajo comienza hacer un poco más ligero, las rutas dejan de pasar con la frecuencia que lo hacen en la mañana con un intervalo de 10 minutos máximo.
Son las 12 del medio día y Antonio se dispone a tomarse un descaso de media hora donde suele acercarse a una cafetería ubicada a dos cuadras donde calienta su almuerzo y se toma una gaseosa para poder terminar su jornada de manera productiva.
Las 12:30 a Antonio le restan escasamente cuatro horas y media de trabajo donde espera poder completar el resto de dinero, para cumplir su cuota del día y poder llegar con buenas noticias a su casa ubicada en el barrio Bilbao, en la localidad de suba.
Son las 2 de la tarde y el clima parece no beneficiar a Antonio, comienza a llover, después de un sol nefasto de medio día que causa que la tierra estancada en ese lugar se levante con el pasar de cada auto, pero no importa igual la labor debe continuar, con la llovizna la cosa se dificultad aun mas pues el barrizal que se forma en esta zona es bastante molesto al igual que los charcos, lo que hace que Antonio termine como si trabajara de ruso, con tierra hasta en las uñas y con la posibilidad de adquirir gripas de manera constante.
Ya son las 4:30 y su labor ha terminado y con dificultad se completa la cuota del día 20.000 pesos la cual ya esta destinada, hay que ahorrar, para pagar el arriendo, los servicios, el mercado y la pensión de los niños, así que habrá que descansar y mañana volver a una ardua jornada de trabajo.